La Cámara

Sentado debajo de un árbol, observando la puesta de sol, tratando de grabar esa imagen para siempre en mis recuerdos, una de las imágenes más hermosas que mis ojos pudieran apreciar.

Trate de dibujarlo incontables veces, pero ese arte nunca me sonrió. Era más fácil para mi conseguir un lápiz y un papel que un aparato con el cual encerrar esa imagen para siempre, por eso lo intentaba y lo intentaba todas las veces que podía, pero por más que me esforzara no sentía en lo que dibujaba, aquello que sentía cada vez que mis ojos veían el sol tocar el horizonte.

Por desgracia no conocí a mi abuelo, mi padre me decía que a el le gustaba mucho la fotografía, “No salía de la casa sin su cámara”, y que tenía un álbum al que le tenía mucho amor. Desde que escuche de la existencia de ese álbum, quería siquiera poder ver algunas de las cosas que mi abuelo había captado. Creía que de esa forma lo podía conocer un poco más.

Se acercaba el día de las madres y escuche a mi padre decir que este año lo pasaríamos con la abuela, lo cual me llenó de entusiasmo, todavía no sabía si la abuela me iba a permitir siquiera husmear un poco en su closet en busca de ese álbum.

“¡Abuela! Feliz día de las madres”. La abracé, pero no dejaba de pensar en cómo la iba a convencer de que me dejara ver ese álbum. Desde pequeño me educaron a no ser impertinente ni mucho menos andar buscando cosas en casas ajenas. Pero estuve a punto de desaparecer de la reunión e ir en busca de ese tesoro. Pero resistí la tentación, yo sabía que si me portaba bien, algo bueno iba a salir de todo esto. “Madre sabías que a Luisito le gusta mucho dibujar, como cuando Papá era niño”. Estuve a punto de decirle a mi querido Padre, que no me gustaba dibujar que me  gustaría tomar fotografías, pero no tuve el valor, yo sabía que lo que ganaba mi padre era para comer. Así pasaron algunas horas entre pláticas cotidianas y recuerdos.

“Luisito ven un momento”, mi abuela me hablo desde su recamara, “Hijo, recuerdo cuando tu abuelo me platicaba momentos de su niñez, lo pobres que eran y lo mucho que le gustaba sentarse debajo de un árbol a mirar el atardecer. Lo dibujaba en el piso de tierra con una varita, pero también recuerdo que me decía que el odiaba eso, porque el aire borraba su dibujo y que el quería que se quedara ahí para siempre”.

También me platico como mi abuelo se ganaba la vida haciendo trabajos de casa en casa, para poder ir a la tienda y comprar un lápiz y papel para poder dejar plasmados sus atardeceres en sus dibujos, “Que por cierto, muy malos dibujos hijo, no se le daba eso de dibujar a tu abuelo”. También me dijo que mi abuelo fue enterrado con uno de sus dibujos y una de sus fotografías favoritas, en eso mi abuela se iba a poner triste pero mejor se levantó de la cama y se fue hacia su ropero. Se me iluminó la vista y la cara cuando entre sus manos vi un álbum de fotos, “Este álbum era el tesoro de tu abuelo”, “¿Te gustan las fotografías hijo?”.

No sabía cómo contarle a mi abuela la pasión que sentía por poder hacer eso, dejar plasmado para siempre una imagen, las imágenes que tanto me gustaba ver una y otra vez pero que por más que intentaba no podía dejarlas en mi mente para siempre.

Las fotografías de mi abuelo eran hermosas, increíbles, únicas, me hacía sentir un sin fin de emociones en cada una que veía y las historias que me contaba la abuela acerca de las fotos me emocionaban aun mas.

El tiempo paso sin que me diera cuenta y mi padre ya nos estaba hablando para irnos, pero yo no me quería ir, me sentía feliz, y pensaba que si me iba y dejaba de ver esas fotografías  jamás las volvería a ver.

“Hijo espera quiero regalarles algo a tu familia y en especial a Luisito”. Solo el día que vi a los ojos a mi primer hijo sentí nuevamente esa emoción, esa felicidad; vi como mi abuela traía en sus manos el álbum y una cámara fotográfica y me vio directamente a los ojos y me dijo:

“Tu abuelo me dijo una vez, algún día llegara uno de mis hijos o de mis nietos y te darás cuenta en su mirada cuando vea mis fotografías y le platiques de ellas, sabrás inmediatamente que el será el que se quede con la cámara”.

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2 pensamientos en “La Cámara

  1. Gerardo canales dice:

    Hola hermano.

    Muy buen cuento no sabia que tenía esos dotes de escritor siga así.
    Saludos

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